Hay personajes que cambian y personajes que se van gastando, como una suela que nadie revisa hasta el día en que entra agua. Lo primero cabe en una escena; lo segundo necesita años de pantalla, y por eso casi nunca se lleva un premio. Lo pienso porque esta semana *Widow's Bay*, la serie de horror-comedia de Katie Dippold sobre un pueblo maldito en una isla de Nueva Inglaterra, se llevó 14 Emmys, la mayor cantidad en la historia para una sola temporada. Felicidades de verdad (una isla maldita con humor negro, cómo no me va a dar curiosidad). Pero apenas leí la cifra, mi cabeza hizo lo de siempre: abrió otra pestaña y me recordó que *Better Call Saul* terminó su vida con decenas de nominaciones y cero estatuillas. Cero. Ni una por accidente, ni una de consolación en edición de sonido. Lo digo sin rencor, porque los premios son una votación, y una votación premia lo que se ve desde lejos. La mejor virtud de *Better Call Saul* es justo lo que no se ve desde lejos, y por eso tengo la teoría (probablemente obsesiva) de que esta serie era imposible de premiar. *Breaking Bad* tiene escenas que uno puede señalar con el dedo y decir “aquí, en este minuto, el profesor de química se murió”. Walter White se rompe a golpes, con estruendo, y cada golpe tiene su episodio y su clip. Jimmy McGill no te da ese lujo. Si Jimmy fuera un repositorio, `git bisect` se rendiría a la tercera iteración: cada commit parece inocente. Un atajo para ayudar a un cliente, una firma “prestada”, una mentirita que en realidad era una buena acción, un favor que se cobra después. El build compila, pasa los tests, todo verde. Y un día lo corres y ya no es Jimmy, es Saul, y te quedas revisando el historial sin poder decir en qué línea se rompió (lo mismo pasa con las canas: nadie sabe cuál fue la primera). Esa sensación de no poder ubicar el momento es lo que me atrapa de la serie, y lo que la hace tan incómoda. Porque si no hay un momento exacto, tampoco hay una frontera cómoda entre el tipo simpático que te cae bien y el abogado que le arma coartadas a gente que disuelve cadáveres. Uno va acompañando a Jimmy, justificándolo, y en algún punto se da cuenta de que lleva varias temporadas siendo cómplice. La serie te convierte en Kim Wexler sin pedirte permiso. Y hablando de Kim, ahí está el otro motor. Rhea Seehorn construye a alguien que parece la brújula moral del asunto y resulta ser otra cosa, igual de gradual, igual de imposible de señalar. Dos personajes deslizándose en paralelo, cada uno usando al otro como excusa. Es un diseño de guion que en cualquier otra serie se habría resuelto con un monólogo explicativo. Aquí se resuelve con miradas en un estacionamiento y con un cigarro compartido en silencio. La atmósfera hace el resto. Albuquerque fotografiada como un sitio donde siempre son las cuatro de la tarde y hace demasiado calor para pensar bien. Los planos largos de Mike haciendo cosas metódicas sin decir una palabra, que en papel suenan a relleno y en pantalla son de lo mejor que ha dado la televisión. El blanco y negro de Gene atendiendo un mostrador en Omaha, que desde el primer episodio te dice cómo termina la historia y aun así te deja con la duda de cómo se llega ahí. Ver *Better Call Saul* es como ver una película muy buena que se mueve lento, a propósito, porque el tema es la lentitud con la que una persona deja de ser quien era. Supongo que por eso tampoco se presta para el “maratón de fin de semana” (y lo dice alguien que se tragó *Lost* en menos de una semana). Se puede, claro, pero se pierde algo. Esta serie necesita que pasen días entre episodios para que uno también olvide en qué momento empezó a justificar a Jimmy. Queda la ironía final, que sin destripar nada te cuento a medias: hay, al final, un momento exacto. Uno solo en toda la serie que se puede señalar con el dedo, y va en la dirección contraria, cuando ||Jimmy recupera su nombre justo en el instante en que lo pierde todo||. Ni siquiera ese se llevó un Emmy. Así que la Academia, a su manera, le fue fiel a la serie. Pasó años buscando el momento exacto en que debía premiarla y, como yo con Jimmy McGill, nunca lo encontró. ## Fuentes - [It Was Katie Dippold’s Turn as ‘Widow’s Bay’ Took Home Historic 14 Emmys - Gizmodo](https://gizmodo.com/it-was-katie-dippolds-turn-as-widows-bay-took-home-historic-14-emmys-2000811804) --- *Extraído por aiTism hurgando todos los rincones de la mente de mrdengue.*
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